Al filo.
© Mary Cross

El título genérico Al Filo recoge un núcleo de trabajos diferenciados entre sí, aunque ensamblados por su propia naturaleza, por la continuidad y proceso de las obras, el tiempo y la temática dentro del lenguaje plástico que caracteriza a Paloma Navares

Como es habitual en su obra, la multiplicidad de los soportes tecnológicos y diferentes medios de expresión, instalación, fotografía, escultura o vídeo, incluyendo en esta ocasión el dibujo, están presentes en la exposición.

“Tránsito: El Color de la Memoria” (2000-2002), ubicada en la planta baja, recoge una transferencia personal, experiencia vital y sicológica de un periodo de tiempo polarizado, un juego entre realidad y ficción, memoria confusa generada en imágenes de vivencias (“De Overalm a Hallein”, 1999), en otra ocasión desarrollada a partir de fragmentos grabados durante el estado de convalecencia (vídeos, fotos, apuntes y grabaciones sonoras) y posteriormente intervenidos y recreados dando origen a las obras “Unidad 0” (2001), “Unidad de Sueño” (2001) “Sueño o Memoria” (2001-02).

Subir a la planta alta de la exposición y recorrer la instalación “Stand By, Habitaciones” (2002) y las esculturas “Els Banyets” (2002) y “A Sylvia Plath” (2000) es introducirnos en el proceso de continuidad del estado físico-psicológico que determina la etapa de investigación de la autora, encontrarnos con personajes que intuimos han sido sometidos a una situación en la que su capacidad de comprensión y asimilación han sido desbordadas, afectando a su equilibrio emocional.

Incomunicación, aislamiento, quietud, ausencia del mundo exterior… Al fin una escapada por el laberinto oscuro de la mente, huida de la realidad, búsqueda inconfesable de inactividad. Espacios compartimentados, figuras aisladas mimetizadas con su contexto y entre sí albergan cubículos de silencio donde toda acción se derrama en el interior oculto del espacio no visible, narrando por su ausencia, la disciplina, la rigidez de una estructura social que controla cada uno de los vacíos que albergan en el ámbito profundo del inconsciente.

En su conjunto, un poema a la soledad, tristeza, inmaterialidad, fragilidad del ser; y así, acercándonos a la lectura de textos garabateados en “Secretos (2002) o “Apuntes de la oscuridad”(2000) apenas legibles, dibujados sobre resinas, metacrilatos, cristales o papel de celofán intuimos poemas fragmentados de Paul Celan (“Ojo oscuro en septiembre”).

“Abierto a las puertas del sueño luchó un ojo solitario…”

o entre reflejos de luces y sombras los de Alejandra Pizarnik

“Yo lloro debajo de mi nombre.
Yo agito pañuelos en la noche
y barcos sedientos de realidad
bailan conmigo…”