“En el umbral de los sueños”. 1992-1994.
© Rosa Martínez

Entre 1988 y 1994, Paloma Navares nos ha venido proponiendo una obra plástica en la que la combinación de escultura, fotografía vídeo y audio se asocia a una iconografía de la que emanan sutiles iluminaciones, eficaces antídotos que nos hacen desprendernos del sopor enrarecido de la Historia. Una Historia que, tanto en el ámbito de la vida como en el de la representación, ha privilegiado la mirada del imaginario masculino sobre el cuerpo de la mujer. Así, Tiziano, Durero, Goya, Cranach, Ingres, Regnault… han dibujado bellos objetos, iconos de su deseo, cuerpos plácidamente encallados en su pasividad.

En su instalación “En el umbral de los sueños” (1992-1994) Paloma Navares suspende fragmentos de esos cuerpos en bolsas amnióticas que, hipotéticamente conectadas a la tradición androcéntrica, nos ofrecen un espejo en el que podemos ver reflejado un pasado que constituye y pervive en nuestro presente.

El monitor de video que reproduce la terrible y hermosa metáfora de la pantera enjaulada -repitiendo obsesiva y ritualmente el único itinerario que la represión de su pulsión de vida le permite-, se articulan con los nueve paneles escultórico-fotográficos, interconectando simbólicamente mitologías ancestrales con vivencias de la contemporaneidad. Navares contribuye así a la deconstrucción de los discursos establecidos y nos sitúa en el terreno de una sincronicidad transhistórica que nos acerca a la emoción de las ideas liberadoras.

Globalmente, los diversos elementos sintácticos de la instalación “En el umbral de los sueños” se combinan espacialmente para invitarnos a reflexionar sobre la genealogía y la transformación de nuestro presente, a la vez que configuran una poética en la que lo intuitivo, lo consciente y lo visceral se unen para convertirse en elementos significantes que anuncian la posibilidad de traspasar el umbral y convertir las pesadillas en una nueva realidad.

Poesía y Deconstrucción.
© Rosa Martínez